jueves, noviembre 09, 2006


Tus manos presurosas se afanaron y luego,
como un montón de sombra,
cayó el traje a tus pies, y confiadamente,
con divino sosiego, surgió ante mi,
tu virgen y suave desnudez
*
Tu cuerpo fino, elástico, su esbelta gracia erguía.
eras en la penumbra como una claridad.
Era un cálido velo, que todo te envolvía,
la inefable dulzura de tu serenidad.
*
Con el alma en los ojos te contemplé extasiado.
Fui a pronunciar tu nombre y me quedé sin voz...
Y por mi ser entero paso un temblor sagrado,
como si en ti, desnuda, se me mostrara Dios.